Erich Degner o el don de ser pintor...
Erich Degner. Pintor. Vida y Obras.
Inicio
Erich Degner. Vida y Trayectoria del Pintor.

Vida y Trayectoria Artística

Erich Degner nace en el año 1940 en la ciudad de Hamburgo y muere en el año 1979 a los 39 años, muy joven en cuanto a edad, pero siendo autor de una amplia y densa obra pictórica, llena de variaciones, sin perder nunca su carácter tan definido y tan personal. Hijo de padre alemán y de madre Navarra, su obra alcanzó la madurez a una edad en la que otros artistas todavía están aprendiendo a coger la paleta de colores.

Quienes le conocieron en vida no albergaron la menor duda en dedicarle la calificación de superdotado por su clara y sutil inteligencia y don para las artes. Quienes siguieron de cerca el proceso evolutivo de su creación artística subrayan su insólita precocidad y su sentido insaciable de búsquedas en el tratamiento formal y cromático plasmado a lo largo de sus obras.

Los trabajos de Erich comienzan con la influencia de Vázquez Díaz y Benjamín Palencia, quienes fueron sus maestros cuando era todavía un niño de pantalones cortos, pero continúa su pintura con destellos aprendidos del arte internacional, como la simplificación y el empleo generoso de la materia y la viveza cromática de Kokoschka; el depurado sentido del equilibrio lumínico de Cézanne; la deformación expresiva de las figuras y la atención a la estricta realidad de Manet; los enfoques casi fotográficos de los interiores de Degas; la esencialidad de la construcción de sus bodegones, realzados por medio de la atmósfera y la luz, de Morandi; y el manejo exquisito de la línea recta y el uso de los colores puros de Mondrian. El gran cuidado de la perspectiva y el insistente trabajo con la materia de Pisarro, así como la libertad formal, precursora del informalismo, propia de Monet, son también algunas de las características de la expresión plástica de Erich Degner.

La pasión de su vida fue pintar. Primero desde la pura intuición, después desde las directrices de dos maestros señeros de la pintura española y, finalmente, partiendo de una convicción rotunda libre y soberana de que nació pintor. El joven Erich marcó su propia tendencia desde muy niño, terminando de perfilarla con el seguimiento de las obras de otros grandes pintores. Dos ejemplos de lo dicho son sus obras "Bailarines" y "Remeros", pintados cuando tan solo tenía 7 años de edad. Es posible que ni siquiera hubiera oído hablar del Expresionismo y, sin embargo, plasma unos seres embrionarios, dignos de un gran pintor de dicho movimiento.

Erich fue un autor muy versátil, de ahí su extensa obra, realizada, por desgracia, en muy poco tiempo. En sus inicios destacan cinco autorretratos donde el pintor expresa lo que siente a través de su pincel. En alguna ocasión confesó que para la construcción plástica de los retratos utilizaba la misma técnica que para la construcción de los paisajes y que, para él, el modelo venía a ser una masa o un alma que era necesario ambientar en el espacio. Podríamos hacer referencia aquí de muchos de sus lienzos, pero sin duda alguna existen varios que expresan a la perfección lo que queremos decir:

 "El Pelafurri", ese viejo en ensoñación aparece sentado, pero, al mismo tiempo, dijérase puesto en pie. Se percibe que el Pelafurri recorre sus vivencias y eso le yergue. Sus dos manos tremendas son dos parcelas de tierra recién arada. Siete días empleó Degner en pintar al Pelafurri, una semana en la que el pincel no volvió nunca sobre sus pasos. El fondo del cuadro es un paisaje ocre de Navarra pero abajo se desliza un regatillo de agua que todo lo fertiliza. Las manos, tan rudas y grandes, representan el trabajo, y los tristes ojos entornados no dejan escapar los recuerdos, apenas ven pero contemplan el paso de la vida. Dicen que el anciano está pensando en la muerte.

"El retrato del Marqués de Lozoya", que permanece recostado en el diván de un salón. Los rojos que en el cuadro predominan dejan en él las sutilezas, las preocupaciones estéticas de una sensibilidad apasionada por todo.

Otro retrato de considerable belleza es “Mama”. No dibuja rasgos, sino que lo que sentimos observando la pintura es un estado de ánimo.

Dijo Picasso, en alguna ocasión, que hay que pintar sólo lo que se ama. Erich Degner, pintó, sin duda, los paisajes que amó y los que le enamoraron. Aquellos que con mayor fuerza le atraían porque mejor se identificaban con él, al entender y arropar sus estados de ánimo. Aquellos en los que él se encontraba.

En sus paisajes, como en toda su pintura, sería imposible fijar etapas concretas, bien diferenciadas, ya que toda su obra es una acumulación de experiencias y de adivinaciones, cada vez mejor coordinadas y con mayor precisión. Lo que si podemos destacar de sus paisajes urbanos es la predilección o atracción de Erich por las torres, por la verticalidad, por las formas y las arquitecturas en ascensión, presentes en muchas de sus obras.

En ocasiones, las ciudades se espiritualizan hasta ofrecérsenos como paisajes en floración. Tal sucede con su interpretación de "Atami de noche", por ejemplo.

Podemos ver la evolución de Erich en sus paisajes urbanos, siendo una excelente muestra de ello Toledo, ciudad talismán del pintor, retratada por él en diversas ocasiones, y donde se puede percibir su cambio su estilo, sus pinceladas, su distinta forma de ver una misma cosa. Erich pinta "Mi primer Toledo" cuando sólo cuenta 11 años de edad, y son hasta nueve los lienzos donde plasma la belleza de esta ciudad española, el último pintado en 1975, a la edad de 31 años. En los veinte años que transcurren desde el primero hasta el último, se puede observar la diferencia en la visión de Erich. Pintados con los distintos sentimientos que sólo un genio tiene y sabe transmitir, "Toledo de noche" y "Toledo con lluvia" son algunos de estos magníficos retratos de ciudad.

Navarra, Andalucía, Castilla, Madrid, Alemania, Países Bajos, Gran Bretaña y Japón son los lugares que dibuja una y otra vez. Sus paisajes, sus gentes, sus luces y signos…, plasmando lo más característico de cada sitio, como el orden de centroeuropa, la magia nipona, la exactitud germánica, así como espacios fundamentales, como el Palacio Real y la Casa de Campo de Madrid.

Erich Degner domina el dibujo y lo demuestra en sus escorzos de animales o en esas figuras resueltas con un fluir de líneas sin titubeos, apoyadas a veces en algún trazo más denso o por unos difuminados o sombreados que fortalecen esas líneas. Esto nos demuestra que es un artista completo que se atreve con todo.

Entre las numerosas obras del pintor cabe destacar una docena de ellas donde consigue unas inmejorables calidades, posiblemente porque el gris, que es el color del alma, Degner lo ha dejado gotear, como lluvia finísima, en sus telas.

Como se menciona al comienzo, Erich nos deja el 2 de agosto de 1979 dejando tras de sí una extensa obra y, sobre todo, un recuerdo en la memoria de todos los amantes del arte. Gracias al respeto y cariño de su familia podemos hoy disfrutar de sus obras sin que hayan caído en el olvido.
Remeros
Remeros. Erich Degner. ampliar cuadro ›
Bailarines. Erich Degner. ampliar cuadro ›
Bailarines
El Pelafurri. Erich Degner. ampliar cuadro ›
El Pelafurri
El retrato del Marqués de Lozoya
El Retrato del Marqués de Lozoya. Erich Degner. ampliar cuadro ›
Mamá pensativa
Mamá pensativa. Erich Degner. ampliar cuadro ›
Atami de noche
Atami de noche. Erich Degner. ampliar cuadro ›
Mi primer Toledo
Mi primer Toledo. Erich Degner. ampliar cuadro ›
Firma Erich Degner.
Macro Diseño Web